lunes, 30 de julio de 2012

La búsqueda de la inmortalidad (II)

Giuseppe Balsamo fue un italiano nacido en Palermo en 1743, que desde joven mostró interés por varios asuntos, tales como la medicina, la adivinación, la hipnosis... Pero quizá en la que más destacó fue en la alquimia, pues se dice que era capaz de curar todo tipo de enfermedades, convertir metales en oro, hacerse invisible e incluso lograr la vida eterna.


Comenzó trabajando como falsificador en su ciudad natal, lo que le obligó a emigrar a Egipto, donde le imparten la gran Gnosis, la transmisión espiritual del sacerdocio egipcio. Así, en el 1776 funda la Secta Masónica Egipcia.

Conoció al Conde de Saint-Germain, que le transmitió su fórmula del elixir de la eterna juventud. Fue precisamente por sus elixires y pócimas alargadoras de la vida por lo que se hizo famoso entre la nobleza tras cambiarse la identidad y hacerse pasar por el Conde Alessandro di Cagliostro. 






Observó que las larvas se convertían en mariposas al encerrarse en los capullos de seda, y que los fetos se desarrollaban en el útero, denominado en aquella época capullo maternal. Por eso, intentó convencer a la gente de que la regeneración natural se lograba tumbando a la persona en la cama y envolviéndola en una manta durante dos meses. En este estado como larva, la persona debía alimentarse exclusivamente de caldo de pollo y vivir entre sus excrementos, que saldrían a través de un agujero. Los cabellos y los dientes caerían, y en su lugar aparecerían unos nuevos, más sanos y fuertes.


Por supuesto, esto no funcionaba, ya que el pelo y los dientes se caían a causa del escorbuto y las infecciones, y nunca más se recuperarían. Aquellos que decidieron probar este tratamiento y sobrevivieron, terminaron en un terrible estado de salud.


Estaba estrechamente relacionado con la corte francesa, pero en 1785 protagonizó un escándalo que lo vinculó con el robo de un collar de María Antonieta (el asunto del collar). En 1791 fue detenido por la Inquisición, acusado de engaños, estafas y por ser un conspirador y frecuentar la Masonería, además de intentar organizar una logia en Italia, y además pertenecía a la Rosacruz.

Según la versión oficial, permaneció en prisión hasta el momento de su muerte. La leyenda asegura que no sólo efectuaba salidas temporales de la prisión a través de un espejo mágico, sino que además utilizó sus dotes de brujo para fugarse de la cárcel. La estrategia fue intercambiar mediante sortilegios su cuerpo con el de un monje, que fue en realidad el cadáver que los guardianes encontraron en la celda de Cagliostro.

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