domingo, 28 de abril de 2013

El misterio del pan maldito de Pont-Saint Espirit

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En agosto de 1951, las consultas de los médicos de un pequeño pueblo del sur de Francia llamado Pont-Saint-Espirit se llenaron de pacientes con los mismos síntomas: fuertes dolores de cabeza, mareos, náuseas, vómitos, sensación de frío… Todo parecía indicar que se trataba de una intoxicación alimenticia, que se achacó a los productos de una de las dos panaderías del pueblo.

Todo había comenzado cuando el propietario de la panadería Briand notó una extraña decoloración grisácea en la harina que usaba para hacer las baguettes. Como no tenía otro proveedor, continuó amasando y cociendo el pan como cada día. Los habitantes del pueblo consumieron el pan sin percatarse de nada extraño, y ese mismo día comenzaron los síntomas.

A medida que transcurrían las horas, los síntomas se fueron agravando, y los afectados comenzaron a tener alucinaciones y convulsiones, hiperactividad motriz, alucinaciones visuales, ilusiones sensoriales, delirios, euforia, crisis deprimentes, accesos de locura, a gritar y correr descontrolados, se produjo un brote de histerismo violento, e incluso algunos afectados presentaron tendencias suicidas.

Uno de los médicos solicitó ayuda al profesor Gerald de la Facultad de Medicina de Montpellier. A penas unos días después, el número de infectados alcanzaba los 300. Los habitantes de Pont-Saint-Espirit veían cómo animales salvajes les atacaban, cómo su cuerpo ardía en llamas, cómo salían serpientes de sus entrañas… Otros, creyendo que podían volar, saltaron desde las ventanas, e incluso un niño de 11 años trató de estrangular a su madre.

Los infectados fueron atendidos en el centro de salud local y en los hospitales más cercanos. Al finalizar el brote, se reportaron unos 300 infectados, de los cuales entre 5 y 7 perdieron la vida, 4 a causa de las alucinaciones y el resto por paradas cardio-respiratorias. Pero no todos se recuperaron totalmente: entre 50 y 60 personas pasaron el resto de su vida ingresados en los hospitales psiquiátricos de Montpellier, Nîmes, Avignon, Orange y Lyon a causa de las alucinaciones sufridas.
Tras muchas elucubraciones, se llegó a la conclusión de que el culpable de todo era el cornezuelo del centeno, un hongo que ataca a los cereales y cuya ingesta provoca ergotismo, el llamado Baile de San Vito (del cual existen tres variantes: gangrenoso, convulsivo y alucinógeno), aunque a muchos no les convenció esta explicación, pues el brote se había desarrollado únicamente en este pueblo, y no en villas vecinas que consumían harina de la misma procedencia. 

En 2009, un periodista estadounidense llamado Hank Albarelli publicó un libro en el que recoge los resultados de su investigación sobre experimentos secretos de la CIA durante la Guerra Fría, y asegura que el pan de Pont-Saint-Espirit contenía  ácido lisérgico, conocido como LSD, cuyos efectos estaban siendo analizados por la CIA en ese momento. Supuestamente, la CIA había tratado de esparcir el LSD desde el aire, pero al no funcionar, fue añadido a la harina del pan, sin que el gobierno francés tuviese la más mínima idea.


Según parece, los laboratorios Sandoz de Suiza habrían sido los suministradores de LSD a la CIA. Los experimentos con alucinógenos tenían como fin el control mental de la población y habrían estado dirigidos por la División de Operaciones Especiales de Alto Secreto del Ejército de los EE.UU en Fort Detrick, Maryland. En un principio estaba programado realizar el experimento en el metro de Nueva York, pero las incertidumbres y los miedos de que tal afrenta al pueblo americano saliera a la luz hicieron que cambiaran los planes. Por eso se eligió un pequeño pueblo de la Provenza francesa al que nadie prestaría demasiada atención y donde, precisamente, acudiría Albert Hofmann, inventor del LSD, para “prestar ayuda” y, ya de paso, realizar el informe sobre los efectos en la población del experimento.

Pocos años después comenzaron en Estados Unidos los experimentos controlados con voluntarios para ver los efectos de las drogas psicoactivas, especialmente el LSD, psilocibina, mescalina, la cocaína, la alfa-metiltriptamina y N-dimetiltriptamina.





Albarelli dijo que la verdadera “pistola humeante” era un documento que la Casa Blanca envió a los miembros de la Comisión Rockefeller creada en 1975 para investigar abusos de la CIA. Contenía los nombres de un número de ciudadanos franceses que habían sido secretamente contratados por la CIA y hacía referencia directa al “incidente de Pont-Saint-Esprit.” En su afán por investigar al LSD como un arma ofensiva, Albarelli denunció además que el Ejército de los Estados Unidos drogó a más de 5.700 militares estadounidenses que no fueron voluntarios entre 1953 y 1965.

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