sábado, 2 de junio de 2012

El Cabaret de la Muerte

¡Bienvenido, oh viajero fatigado, al reino de la muerte! ¡Entre! ¡Escoja su ataúd, y siéntese a su lado!



En 1892 abrió sus puertas el Cabaret du Néant (Cabaret de la nada o de la muerte), ubicado en el 34 Boulevard de Clichy, París. En un barrio tan conocido como Montmartre, junto a otros tan famosos como el Moulin Rouge o el Cabaret du Ciel et l'enfer, se encontraba este extraño lugar donde el culto a la muerte era la temática principal, y que alcanzó un gran éxito en una sociedad atraída por el espiritismo.

Estaba distribuido en diferentes salas unidas por oscuros y tortuosos pasillos. Cada una de ellas tomaba el nombre y la decoración de los espectáculos que allí se representaban:

La Sala de la Intoxicación, por ejemplo, era el bar. Las mesas eran ataúdes, y la decoración se componía de paredes oscuras y calaveras, estatuas siniestras, velas que colgaban de huesudas lámparas... Todo estaba bien lograda, hasta el más mínimo detalles: los posavasos se decoraban con una calavera y dos tibias cruzadas, y entre las bebidas estrella estaba el zumo de gusanos y la tos de tuberculosis, ingredientes que el camarero desvelaba a los clientes mientras estos bebían.




Tras esto, eran conducidos a la Cueva de los Muertos, donde un monje atormentado tocaba el órgano. Esta sala, conocida también como Sala de la Desintegración, recogía espectáculos tan conocidos como el Pepper's Ghost, en el que una persona elegida entre el público se transformaba en un esqueleto mediante un juego de luces y espejos, que provocaban un efecto óptico insólito para la sociedad de aquella época.


Otra sala era la Cueva de las Ofensas o Cueva de los Espectros Alegres, en la que se representaban espectáculos como "El fin del mundo", "El cabaret ruidoso", "Viaje a Lilliput", "La rata muerta"...donde los artistas rendían su culto particular a la muerte. 

En la Cueva de los Espectros Tristes se representaban obras mucho más trágicas y tétricas.


Y por supuesto, también había habitaciones destinadas al sexo, donde las parejas mantenían relaciones bajo la mirada de las cuencas vacías de los esqueletos...

No tardaron en aparecer rumores de que por las noches aparecían siniestros actores fantasmales, o que quienes visitaban el lugar no tardaban en morir... 

También se ha dicho que los visitantes eran parte de una sociedad secreta que tenía privilegios tales como poder observar lo que pasaba en las salas sin ser visto (desde una habitación llamada Sala de los Portales),poder hacer experimentos alquímicos, torturar animales y prostitutas...pero la verdad es que no hay información contrastada que confirme tales datos.


Las imágenes del cabaret fueron tomadas por Eugêne Atgest, un fotógrafo que retrató perfectamente el ambiente parisino de los cabarets del siglo XIX y XX.

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