lunes, 27 de agosto de 2012

La búsqueda de la inmortalidad (III)

En el siglo XVIII, el Conde Saint Germain fue considerado como uno de los fundadores del ocultismo. Toda su vida está rodeada de misterio, sobre todo teniendo en cuenta sus increíbles habilidades.

Definido por Voltaire como un hombre que todo lo sabe, y no muere jamás, se decía que sabía fabricar piedras preciosas.



El origen del Conde Saint Germain es incierto: se dice que nació en Letmertz, Bohemia. Otros, encabezados por el Marqués de Crequis,  afirman que su verdadero nombre era Simon Wolff, nacido en Estrasburgo y de origen judío. También hay quien cree que en realidad se trataba de un jesuita español de nombre Aymar, un marqués nacido en Portugal o el hijo de una princesa italiana nacido en San Germano. 




Pero la versión más extendida dice que nació en 1696, y que era hijo del último rey de Transilvania, Ferenz Rákóczi II. De niño, fue enviado a Florencia para protegerse de la persecución que sufría la familia real, y quedó bajo el cuidado de los Médicis. Tras la muerte de su padre en 1735 comenzó a mostrar sus poderes.

Ya desde los catorce años mostraba una gran inteligencia, pues hablaba perfectamente 14 lenguas, tocaba varios instrumentos, cantaba perfectamente, recitaba libros de memoria... Y lo más insólito es que era perfectamente ambidiestro, es decir, podía escribir perfectamente cosas diferentes con las dos manos, algo que no se había dado hasta ese momento. Además, según todas las fuentes escritas de las que disponemos, nunca nadie le vio comer, beber, ni dormir, y nadie llegó a conocer su casa.

Viajó por toda Europa, y todos los testimonios le describen como alguien llamativo, que vestía de forma colorida y llevaba diamantes en los bolsillos en vez de dinero. Conoció al mariscal francés de Belle Isle, que había sido seriamente herido y se encontraba muy enfermo. Según el mariscal, fue el conde de Saint Germain quien le curó.


Circulaban muchas historias sobre él: que había conocido a la Sagrada Familia, había asistido a las bodas de Canaán, había propuesto la canonización de la Virgen en el Concilio de Nicea del 325... Según las memorias del pseudónimo Condesa de B(...), tituladas Chroniques de l'oeil de boeuf, una noche el conde acudió a una fiesta organizada por la anciana condesa Von Georgy, cuyo difunto marido había sido embajador en Venecia por los años 1670. Al oír que anunciaban al conde, la condesa dijo que recordaba el nombre, pensando que podía haber conocido a su padre.  Pero al ver a un hombre de no más de 45 años, se sorprendió. -Madame, yo soy muy viejo, dijo el conde, afirmando que no era imposible tener casi 100 años de edad.

Empezó a cobrar importancia a raíz de su relación con Madame de Pompadour y Luis XV. Cuando llega a la corte francesa, contaba con cerca de 60 años (suponiendo que nació en 1696). Sin embargo, todas las fuentes le describen como un hombre maduro, de unos 35 años, y con una excelente forma física.

Era miembro de la Rosacruz, una sociedad inescrutable, fundada por el alquimista Christian Rosenkreutz, entre cuyos secretos se decía que estaba el de  poder volverse invisible, entablar comunicación con otros mundos y disfrutar de eterna longevidad. Dicha teoría se reforzaba dado que el conde se preparaba sus propios alimentos en su laboratorio. Se dice que hizo beber oro potable fabricado mediante fórmulas alquímicas a una doncella suicida, lo cual hizo que volviese a la vida.

En 1760, fue enviado a la Haya como representante del rey francés para negociar un préstamo con Austria. Mientras estaba en Holanda el conde se enfrentó con Casanova, también embajador en La Haya, quien se esforzó, sin éxito, por desacreditarle en público. Sin embargo Saint-Germain se ganó también un enemigo más poderoso. El duque de Choiseul, ministro de Asuntos Exteriores del rey Luis XV, descubrió que el conde había hecho sondeos con la intención de firmar la paz entre Inglaterra y Francia. El conde tuvo que escapar, primero a Inglaterra y luego a Holanda. Allí vivió dos o tres años bajo el nombre de conde de Surmont, dedicándose a la alquimia y la fabricación de pinturas. Reapareció en Bélgica bajo el nombre de marqués de Monferrat. En 1768 estuvo en la corte de Catalina de Rusia, y fue nombrado oficial del Ejército Ruso bajo el nombre de Welldone. Continuó viajando por Europa hasta finalmente asentarse en París.

Oficialmente murió el 27 de febrero de 1784 en Eckenforde, Alemania, aunque sus seguidores dicen que continúa vivo, y afirman que fue visto años después de su fallecimiento. Durante su vida, publicó varios libros en los que se dice que dejó mensajes ocultos.

Su fama de inmortal se debía a la ausencia de deterioro físico: mientras sus conocidos iban envejeciendo, él se mantenía siempre igual, incluso más joven. Nos ha llegado testimonios de personas que le vieron con el mismo aspecto físico, en lugares diferentes y con un intervalo de 50 años, como una carta enviada por St Germain en la que el conde ofrecía donar una copia de la segunda edición de la Biblia, impresa en 1462, guardada en los archivos del British Museum.

Si todo esto es real, quizá nos encontremos ante el primer poseedor de la Piedra Filosofal...

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