domingo, 24 de febrero de 2013

La mansión embrujada Rose Hall

Se considera como la casa más embrujada de occidente y por ende el lugar más embrujado de Jamaica y de todo el Caribe; Estamos ante una larga sucesión de hechos de sangre y horror, y apariciones espectrales que continúan aún hoy en día.




John Palmer era un notable terrateniente que ordenó levantar el inmueble en el siglo XIX. Se casó con Annie Mae Patterson en la década de 1820, y poco después, su joven esposa le acuchillaría hasta matarlo. A John Palmer le sucedieron otros dos maridos; el segundo fue envenenado, el tercero, estrangulado.
Annie comenzó a ordenar a los esclavos que sacaran los cadáveres a través de secretos pasadizos subterráneos y los enterraron bajo la arena blanca de la playa. Annie justificó las tres muertes por la fiebre amarilla, sin que tal coincidencia extrañase al resto de terratenientes de Montego Bay. Tal vez no sospecharon nada… o tal vez prefirieron no hacer preguntas cuya respuesta sabían incómoda.

Dentro de sus dominios de Rose Hall, Annie Palmer tuvo poder absoluto, y lo utilizaba de forma arbitraria, cruel y sangrienta. En la mazmorra situada en los sótanos de la mansión torturaba a los esclavos indisciplinados con total impunidad. Se comentaba que cubría sus deseos sexuales con los esclavos, escogiendo un compañero de alcoba. En cuanto se cansaba de él, el pobre diablo era ejecutado sin contemplaciones.


A pesar de todo, pocos intentaban escapar de Rose Hall, pues había grandes cepos escondidos a lo largo del perímetro de la plantación disuadían a los hipotéticos prófugos; y algunas noches las propia Annie salía a caballo a perseguir a los que no cumplían el toque de queda. Las presas de la amazona eran encadenadas, marcadas a fuego y devueltas a su barracón.

El territorio de Rose Hall comprendía más de 300 km², y contaba con 2000 esclavos. Todas las plantaciones coloniales jamaicanas consistían en vastos territorios dominados por una gran mansión construida de tal manera que resultase visible desde muchos kilómetros a la redonda. El propietario de la plantación era como un señor feudal, y la mansión, su castillo. La jerarquía separaba a una mayoría explotada de la minoría explotadora, dando lugar a sistema social sostenido por el miedo, algo que Annie Palmer sabía manejar muy bien.

Annie consiguió provocar en los esclavos un temor extraordinario que iba mucho más allá de lo físico; podía infligir un daño peor que la laceración del látigo y el dolor punzante del cuchillo. Annie Palmer, había aprendido en Haití los secretos del Vudú, convirtiéndose en una poderosa hechicera. Utilizaba su magia contra todo aquel que se interpusiera en su camino, bien fuese una rival en amores o algún vecino molesto, y cuentan que llegó a sacrificar niños para usar sus huesos en rituales. 




El sistema autoritario y de terror impuesto por Annie en Rose Hall parecía indestructible, pero se avecinaban cambios importantes que iban a afectar a la base de la sociedad colonial jamaicana. El parlamento británico votó a favor de abolir la esclavitud, y los terratenientes de Jamaica, molestos, retrasaron todo lo que pudieron la aplicación de las nuevas leyes, provocando una gran tensión con la población negra que en 1830 estalló en violentas revueltas a lo largo de toda la isla.

La rebelión llegó también a Rose Hall. Un grupo de esclavos entró en la mansión, subió las grandes escaleras e irrumpió en la habitación de Annie Palmer. Tras matar a la Bruja Blanca, desfiguraron su cadáver y lo arrojaron por la ventana. Un vecino enterró sus restos en una tumba sin señalar, en tres de cuyos lados alguien colocó tres cruces para contener el poder de la hechicera. El cuarto lado quedaba libre, de tal forma que su espíritu podría salir a vagar por la Tierra cuando desease.


Esta es la leyenda de Annie Palmer, mujer de la que apenas hay datos, pero cuyo trasfondo histórico de la narración es completamente verídico, y su protagonista, la Bruja Blanca, ha pasado a ser un personaje básico del folklore jamaicano. En 1931 H. G. Lisser escribió una novela sobre la leyenda titulada The White Witch of Rose Hall.

Hoy día la mansión de Rose Hall es un museo regentado por el Estado, abierto a los visitantes, y es una auténtica joya histórica, una de las pocas residencias de los propietarios de plantaciones conservada, ya que la mayor parte de las 700 que había ardieron durante las revueltas de los esclavos. Se mantiene casi como cuando la Bruja Blanca vivía en ella.


También recibe la visita de investigadores paranormales, los cuales han detectado hasta más de 40 espíritus que moran en la mansión; entre los lugares más “cargados” de la mansión, se hallan los sótanos y subterráneos de la misma, ambientes en los cuales la presencia de las víctimas de Annie Palmer aún vagan pesadamente.

No sabemos si es por certeza o por sugestión, pero son centenares los testimonios de turistas y otros visitantes que han visto con sus propios ojos al espíritu de la Bruja Blanca en su dormitorio.

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