miércoles, 22 de agosto de 2012

La diputacion de Granada

Máquinas de escribir que teclean solas en mitad de la noche, ascensores que funcionaban de manera sobrenatural, archivadores metálicos y otros objetos contundentes de oficina que se desplazaban de un lugar hacia otro como por arte de magia, mesas y sillas que se caían al suelo de una manera inexplicable… Todo un rosario de episodios sobrenaturales que los empleados administrativos y guardias jurados les toco vivir en el mes de diciembre de 1986 en el interior de la sede administrativa de la Diputación de Granada. 



Se trata de uno de los expedientes X por excelencia de la historia de España.

Ante esta abusiva cantidad de sucesos anómalos, los directivos encargados del centro recurrieron a los servicios de una asociación de parapsicólogos para que realizaran una profunda investigación en el lugar donde los fenómenos se concentraban a menudo. 

En el transcurso de dicha investigación sucedió toda una miscelánea de acontecimientos irracionales que, a día de hoy, a pesar del tiempo transcurrido, sigue siendo todo un misterio sin resolver. Parece ser que el edificio que albergaba la institución fue en pasados remotos una mezquita árabe que posteriormente pasó a ser demolida para ser construida la iglesia de la Magdalena. 

En ese mismo solar también estuvo ubicado el cementerio por un tiempo. Alrededor del año 1892 la parroquia dejó de funcionar y en su lugar fue reemplazado por unos grandes almacenes. El comercio se cerró y entrada ya la década de los años 70 la empresa multinacional norteamericana WolWorth tomó posesión del edificio. Tras realizar las obras de la modificación del inmueble, los obreros encargados de realizar la obra, descubrieron restos humanos que se encontraban ocultos en el interior de un muro. 

El arquitecto que dirigió la construcción del edificio, Antonio Rodríguez, recordaba con asombro aquel hallazgo tan siniestro:”Cuando estábamos abriendo el muro para dar acceso a la nueva obra del edificio colindante nos quedamos estupefactos, aparecieron varios esqueletos de niños recién nacidos junto al de un adulto. Lo curioso es que antes de introducir los taladros, yo advertí que había ladrillos que no pertenecían a la construcción original. Los originales habían sido sustituidos por otros, que, a mi parecer, databan de primeros de siglo”. 

Durante la década de los años 80, los grandes almacenes cerraron sus puertas definitivamente al público y poco después paso a convertirse en la sede administrativa de la Diputación de Granada, época donde empezaron a sucumbir las experiencias aterradoras que atemorizaron a los empleados. Testigo de la existencia de este tipo de sucesos fue José Maria Moya, que recordaba con todo lujo de detalles cómo una extraña presencia estuvo acosándole en una noche de vigilia en la cual prestaba sus servicios: ”En mi vida había sentido tanto pánico ni visto algo igual. Me hallaba reclinado en un sofá de recepción, pasadas las doce de la noche, cuando un aura luminosa se poso sobre mí. Intenté levantarme, pero aquello me lo impedía, creí que había llegado mi fin. ¡Qué mal lo pasé! Por fin, pude levantarme y aquello desapareció. Salí despavorido a la calle y no regresé hasta que amaneció


Las procesiones sobrenaturales que gobernaban la sede no eran una novedad, pues los testimonios aseguran que venían produciéndose en el edificio desde la apertura de los almacenes WolWorth. En ocasiones y sin aparente explicación cabal, numerosos empleados fueron testigos de cómo las escaleras mecánicas y otros dispositivos eléctricos reanudaban la marcha por si solos. Francisco Ochando, un empleado que trabajó en la sección de juguetería presenció en repetidas ocasiones cómo los juguetes cambiaban de posición de una manera peculiar para aparecer en los departamentos más controvertidos del edificio.

Bajo la autorización oficial del vicepresidente de la Diputación, el 21 de diciembre de 1986, una asociación parapsicológica encabezada por Juan Burgos elaboró una intensísima investigación en el interior del edificio durante 3 noches consecutivas. José Luís Medina solicitó a la comisión total discreción en el espinado asunto. 

Los incidentes vividos en el interior de la sede fueron tan extraordinarios que no pudieron ser ignorados. En noviembre de 1989 el suceso saltó a las portadas de diferentes medios de comunicación provinciales entre ellos el Ideal de Granada. Durante la primera madrugada de infructuosa labor, los asistentes que participaron en la investigación tuvieron conocimiento de toda una cadena de manifestaciones sobrenaturales. 

Manuel Alcalá, uno de los componentes del grupo, fue testigo de un fenómeno sorprendente que se registró en la tercera planta del edificio: ”Mientras esperábamos pudimos ver con toda claridad una serie de reflejos, de destellos muy llamativos, como si alguien estuviera haciendo efectos especiales. Eran como haces de luz de distintos colores, que se movían lentamente en una dirección inconcreta. Se podían ver esas luces en diferentes lugares. Pudimos verlos Juan Burgos y yo mismo”. 

Horas más tarde Alcalá fue de nuevo protagonista de un hecho insólito que rompía el marco de lo cotidiano. En esta ocasión sucedió en el despacho del presidente de la Diputación: ”En un momento dado nos pareció ver una cierta figura paseándose por esa habitación. No se le apreciaba contornos bien definidos, parecía tener rostro e incluso llevar un sombrero, pero tampoco puedo asegurar que fuera así. Lo que si recuerdo es que era bastante oscura”. 

En la misma habitación donde habían observado la enigmática silueta negruzca, Pilar Perri, otra de las integrantes del grupo Omega, observo como un objeto se desplazó por los aires estampándose en el rostro de uno de los investigadores que se encontraba practicando unas pruebas psicofonicas: ”Fuimos todos para arriba. Yo vi luces que iban y venían. Pensé que se trataba de las luces de los coches de la calle, pero era imposible porque no hay ventanas. Tenia una pitillera a mis espaldas que salio volando por los aires y fue haciendo zigzag hasta que le dio en la cara a nuestro compañero Juan Burgos”. 

Aquella inolvidable noche los resultados fueron sorprendentes… Pero la investigación cobró un inesperado protagonismo la fría noche del 23 de diciembre. En esta nueva incursión, los investigadores instalaron toda una parafernalia de equipos electrónicos como cámaras, grabadoras, sensores, detectores de movimiento y un sinfín de aparatos en distintos puntos del edificio. Casi al amanecer, Juan Burgos se disponía a efectuar unas lecturas de fluctuaciones magnéticas con un medidor de campo en la abertura del muro donde fueron hallados los cadáveres, cuando un inesperado hecho lo llenó de pavor. Una experiencia que jamás podrá olvidar mientras viva.

Ya varios metros antes de llegar al lugar, el medidor empezó a detectar alteraciones. Se disparo la señal acústica y el indicador magnético enloqueció. A menos de 2 m del muro algo impresionante sucedió. Un inesperado alco voltaico salio de la pared, impactando contra el medidor de tal forma que lo arranco de mis manos. No se aun si por el sobresalto que experimenté yo, o por la acción del propio rayo, el aparato cayó al suelo quedando aparentemente roto. Recobrando el aliento y la serenidad, intenté proseguir la mediación cuando un dolor agudo, en el ángulo que forman los dedos índice y pulgar, me obligo a soltar el aparato que esta vez si, quedó roto en el suelo. 

Miraba asombrado las señales punzantes que habían quedado en mi mano, cuando algo más increíble sucedió. De la obertura del muro salió un chorro de espeso humo, como si algo se estuviera quemando dentro. El humo se fue levantando formando una fumarola, una columna compacta, un monolito. En la parte superior de la columna se fue configurando una especie de rostro esculpido en piedra que miraba hacia nosotros. 

Se trataba de un ser con aspecto de hombre, de unos 45 años de edad con pelo canoso, ojos pequeños y hundidos, con nariz recta y labios finos. La distancia existente entre la nariz y el labio superior de la boca era mayor de lo habitual. La fisonomía daba al rostro una expresión de tristeza, aunque la imagen, en general era plana”. 

La visión fantasmal que observó Juan Burgos se diluyó instantáneamente permaneciendo la imagen en la retina del osado investigador. El diario Ideal de Granada confeccionó un retrato robot de la descripción efectuada por el testigo, reconociendo varios lectores que llamaron a la redacción del periódico que aquella faz pertenecía sin lugar a dudas al padre Benito, un antiguo religioso que estuvo vinculado a la iglesia de la Magdalena.

La última noche de investigación las horas fueron pasando lentamente y nada parecía perturbar la tranquilidad de la noche. Alrededor de las 5 de la madrugada, decidieron analizar las cintas que había grabado el recientemente fallecido Mariano Carmona Almendros en las oscuras dependencias del sótano. Tras realizar la delicada función de analizar metódicamente los casetes, pudieron escuchar como una aterradora psicofonía se había materializado en el aparato. 

La grabación recogía una frase de un contenido sumamente ininteligible que la asociación Omega la interpretó como Necesito ayuda… enviadla… en la primera… tengo una lengua… os arrepentiréis

Tras la exitosa captación de la voz gutural y llena de angustia, Juan Burgos y su equipo decidieron proseguir con sus dilatados experimentos en el interior de las dependencias del edificio. Sin embargo en esta ocasión la autorización fue denegada. Al poco de darse a conocer la noticia la administración publica cerró sus puertas, permaneciendo el halo de misterio atrapado en sus grotescos muros.

En la actualidad el edificio alberga las oficinas del catastro y ahí quien asegura que los fenómenos siguen produciéndose a día de hoy, pues los obreros que realizaron los trabajos de restauración sufrieron todo tipo de inexplicables sucesos.

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