sábado, 31 de agosto de 2013

El mausoleo de Halicarnaso

Año 352 a.C. Las maravillas del mundo, que ya sumaban 4, vuelven a ser sólo 3, puesto que Eróstrato acaba de consumar su infame obra destruyendo el templo de Artemisa, hace apenas 4 años. Pero el relevo va a llegar enseguida: una nueva maravilla será construida, dándose tales coincidencias entre ambas, que parece obra de una magia bienhechora decidida a compensar la pérdida.



Estamos en Halicarnaso, en la Caria, un estado del Asia Menor. Se trata de una ciudad importante; incluso cuenta con una fábrica de esos extraños discos de metal inventados por Creso que hacen las veces de moneda.


La ciudad luce esplendorosa: Mausolo ha conseguido llevarla a su cenit. Pero ahora la ciudad está de luto, pues Mausolo acaba de fallecer. ¿Qué tumba, que sepulcro será suficiente para un rey así? Su viuda Artemisa toma la decisión de no reparar en gastos; y de pronto, es como si toda la ciudad supiera que nunca más volvería a vivir una época tan magnífica como la de Mausolo, disponiéndose a demostrar su reconocimiento haciéndole la sepultura más especial de la historia, tanto, que dará nombre a los "mausoleos" que se construirán en el futuro.

Los arquitectos Sátiros y Piteos construyen un podio rectangular; sobre él, se levanta una columnata de orden jónico; sobre ésta, una pirámide escalonada. Y en lo más alto, una estatua representando una cuádriga. El conjunto alcanza la vertiginosa altura de 50 m. Pero eso no es todo; los mejores escultores griegos de la época esculpirán las estatuas y relieves: Briaxis, Timoteo, Leucastes y el famoso Escopas, (que nada tiene que ver, salvo el nombre, con el escultor del templo de Artemisa).


Pero esta maravilla, va a ser la menos duradera de todas. Apenas 16 años más tarde, en el 334 a. de C., Alejandro Magno destruye la ciudad. Él, que ordenará reconstruir el templo de Artemisa en Efeso, muestra ahora su semblante destructor. 


Además de las invasiones y saqueos de la ciudad por parte de Alejandro Magno, los bárbaros y los árabes, finalmente fue destruido por un terremoto en el año 1404.

En 1522 los Caballeros de San Juan utilizaron los restos para la reparación del Castillo San Pedro de Halicarnaso. Durante esta época, se encontraron una serie de túneles, debajo de la construcción, que llevaban a los sarcófagos de los difuntos reyes. La tumba fue saqueada por ladrones y por eso hoy ya no quedan restos de ella.

La estatua superior y algún friso se salvó, hoy se puede admirar en el Museo Británico en Londres.

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