domingo, 22 de septiembre de 2013

El Triángulo de los Suicidos

El triángulo de los suicidios se extiende en el espacio comprendido entre Alcalá la Real (Jaén), Iznajar y Priego de Córdoba (Córdoba). En esta zona, el índice de suicidios supera cuatro veces la media nacional, lo que ha provocado que numerosos investigadores hayan tratado de dar una solución a este misterio. 









Se han alegado muchos posibles motivos para explicar estos sucesos: el clima, la soledad, aislamiento, problemas psiquiátricos, un campo magnético generado por una veta de pirita que influye en el comportamiento humano, e incluso lealtades invisibles, es decir, una serie de comportamientos que pasan de padres a hijos. Y lo cierto es que la mayoría de los cortijos y casas de la zona han sido abandonados, bien por los avances tecnológicos o bien por el miedo de los habitantes. 

Muchas familias se han visto afectadas por estos suicidios, tanto de los miembros más ancianos como de los más jóvenes. Y es que algunos aseguran que los muertos los llaman desde el otro lado...

Circulan numerosas leyendas sobre suicidios, como la de un hombre que visitó el cementerio, llevando flores a sus familiares. Transcurridas unas horas, el capellán se acercó a él para comprobar que estuviese bien, y el hombre le dijo que se estaba despidiendo. Pasados unos minutos, puso su chaqueta bajo su cabeza, colocó una cubeta junto a la losa para recoger la sangre, se introdujo una pistola en la boca y disparó.

Otra de las leyendas cuenta que una mujer se ahorcó tras haberle disparado a su hijo de 8 años, sin motivo aparente para el asesinato y el suicidio.

También se dice que en el Cortijo de las Lastras se aparece por las noches un anciano de pelo largo con las uñas largas y afiladas. Un vecino de la aldea de Las Sileras, narraba su experiencia en el lugar: 

Estaba pastando a las bestias cuando empezó a oscurecer. Era verano y serían aproximadamente las nueve y media de la tarde. Decidí apresurar la marcha para llegar antes de que anocheciera al carril de asfalto que va a parar al pueblo cuando, al pasar por esa casa, escuché algo que me sobresaltó. Se que no eran imaginaciones mías porque las bestias se sobresaltaron también. Era una especie de bufido o gruñido, como el de un gato pero mucho más fuerte y más ronco. De repente giré la vista hacia el cortijo que había dejado atrás y vi esa cosa. ¡Por poco me muero del miedo! Estaba sentado sobre las piedras del cortijo. No era muy alto y tenía unas uñas enormes, grandes y enroscadas hacia dentro. Parecía muy anciano y no tenía pelo por arriba, pero por detrás de la cabeza le asomaba una melena muy grande. Me acerqué porque creí que era alguna persona mayor que estaba perdida o necesitaba algo. Aquí nos conocemos todos y nunca lo había visto. Así que supuse eso. Al acercarme, ese hombre se levantó y me hizo un gesto con la mano como para que me fuera. Le pregunté si necesitaba algo o si quería que lo bajase en un mulo al pueblo y me respondió con otro bufido, muy grave y muy fuerte, casi como si chillara. Entonces se levantó y empezó a venir hacia mí. Yo, por impulso, empecé a correr y él siguió detrás. Los mulos empezaron a encabritarse y no los podía controlar. Los solté y seguí corriendo. Calculo que estuvo como un cuarto de hora persiguiéndome entre los olivos. Cuando me calmé lo suficiente volví a por los dos mulos y me fui de allí como alma que lleva el diablo. Nunca he vuelto a pasar a esas horas por ahí.

El Cortijo de los Catorce toma ese nombre porque en él se ahorcaron los catorce miembros de una familia. El primero en hacerlo fue el padre, que poco a poco "llamó" al resto de miembros a unirse a él. 










El Cortijo de los Asombro es conocido porque en él murieron ahorcados  los constructores y la primera familia que vivió en él, unos en las vigas de las habitaciones y otros en el árbol que hay junto a la entrada. Años después, la finca fue comprada por una familia, que se mudó allí, aunque poco después de acomodarse se empezaron a producir fenómenos extraños: puertas y ventanas que se abrían, utensilios que salían disparados, voces y susurros, los animales estaban nerviosos y se negaban a permanecer en los establos... Ante esta situación, pidieron ayuda al sacerdote de Priego, y, tras exorcizar la casa, los fenómenos aumentaron hasta tal punto que la familia abandonó el cortijo.




A día de hoy, la mayoría de cortijos abandonados son visitados por muchos curiosos que aseguran haber vivido extrañas experiencias en ellos, y el misterio de los suicidios continúa sin tener explicación.

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