sábado, 14 de abril de 2012

Anjikuni: misterio esquimal

Es hoy el día en que la policía canadiense regresa a este lugar para intentar descubrir la causa por la que un pueblo de más de 1000 habitantes desapareció bajo sospechosas circunstancias.



Todo comenzó en el año 1930. La Policía Montada de Canadá se dedicó a investigar el caso de la desaparición de más de 1200 habitantes de un poblado inuit, bajo extrañas circunstancias.

La historia ha pasado a la posteridad por los fantásticos sucesos acaecidos, que nos ha brindado una de las mejores leyendas de los últimos tiempos.


En 1930, el cazador Arnand Laurent se encontraba en la bahía Hudson, en pleno ártico, cuando vio como surcaba el cielo un extraño objeto cilíndrico y brillante, que se dirigía al lago Anjikuni.


Dos polícias canadienses, buscaron cobijo en una fría tarde, y dieron con la cabaña de Arnand, el cual les contó lo que vio.


En ese mismo invierno, un vendedor de pieles llamado Joe Labelle dijo que se acercó por el asentamiento para vender, y no vio movimiento alguno, lo cual le extrañó, pues se trataba de un pueblo con más de 1200 habitantes. No había luz, ni trineos, y el pueblo emitía un silencio espectral.

Trineos, kayaks y demás vehículos, se encontraban en su sitio. No había ni una sola huella que indicara un éxodo. Además, útiles como escopetas, raquetas para la nieve, comida...estaba todo guardado en los armarios. Incluso había comida a medio hacer en las cazuelas. No había un solo cuerpo, ni cartas, ni señales de vida de ningún tipo. 

Labelle envió un telegrama a la policía relatando lo visto. La policía se presentó en Anjikuni, y junto a Labelle, comenzaron a peinar la zona.

Labelle y la policía decidieron investigar los alrededores,  y lo que vieron les provocó una sensación de inquietud aún mayor. Los perros de trineos estaban guardados en las perreras y habían muerto de hambre, incluso algunos se habían comido entre ellos.

Esto es muy extraño, pues el perro es un animal sagrado para los inuits, además de imprescindible en su trabajo.

La exploración del cementerio fue aún más desconcertante, además de perturbadora, y es que las tumbas habían sido profanadas.



Incluso los cadáveres habían sido sustraídos, y esto es demasiado raro, pues una tarea así puede considerarse como titánica, ya que los enterramientos de los inuits consisten en apilaciones de piedras, y no fosas. 

Además, las bajas temperaturas, de hasta 50 bajo cero habrían complicado todavía más esta tarea. No había ni una sola huella ni rastro de estas profanaciones.

¿Qué paso con esta investigación?

Solo un artículo del Danville Bee firmado por Emmet Kelleher en 1930 hizo alusión a este suceso. Por su parte, la policía canadiense desmintió dicha información, y afirmó que nunca se dedicó a investigar este suceso. Es más, parte del gobierno de la zona, negó la existencia de tal población.

Solo hay un puñado de poblados esquimales, que no superan los 200 habitantes, y si que se pueden localizar varios poblados esquimales abandonados debido a las durísimas condiciones árticas.

Sin embargo, en diario Toronto Daily Star, afirma tener posesión de una carta enviada por la policía de Canadá confirmando la veracidad de la investigación y desaparición de este población. 

¿Cómo nació la leyenda?

Fue el artículo de Emmet Kelleher el que inició todo, y sirvió de inspiración a otros como Frank Edwards que escribió stranger than science en 1966.

También hay una novela de 1983 escrita por Dean Koontz, Phantoms.

Esta leyenda pasó a formar parte del folklore nortamericano, siendo una de las más populares de la zona.


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