viernes, 20 de abril de 2012

Tsutomu Miyazaki, el otaku asesino

¿Os acordais en el post de las Snuff movies?

En el hablamos de la serie Guinea Pig, unas películas japonesas famosas por la increíble brutalidad y violencia que ofrecían. ¿Habeis pensado en que ocurriría si alguien se basase en estas películas para cometer sus propios crímenes?


Nuestro protagonista Tsutomu Miyazaki hizo realidad esta idea, convirtiéndose en uno de los asesinos en serie más famosos y crueles de la historia.Sus crímenes, cometidos entre 1988 y 1989 consistieron en la mutilación y asesinato de cuatro niñas de entre 4 y 7 años, así como actos de necrofilia y canibalismo en los cadáveres


Tsutomu Miyazaki, nació el 21 de agosto de 1962 con una malformación en sus manos, pues no poseía muñecas, y para realizar movimientos rotatorios, necesitaba mover el antebrazo, lo cual le provocó una grave marginación social y terminó desempeñando un trabajo de revelado fotográfico.

Su infancia no fue fácil, pues además del problema físico que arrastraba, sufrió unas graves carencias afectivas, ya que sus padres le ignoraron, quizá intentando volver la espalda a un niño con malformaciones, (aunque su madre le regalaba muchas cosas como compensación), sus hermanas le tenían cierto asco, y solo su abuelo se mostró cariñoso con el. Se abstraía leyendo montones de comics manga y haciendo fotografías a  niñas y adolescentes.

Con la muerte de su abuelo en 1988, finalizaron las únicas relaciones sociales que tenía, y comenzó con los primeros signos de violencia.

Su primera víctima fue una niña de 4 años, Mari Konno, a la que convenció para subir a su propio coche, y a la que estranguló, aunque no abusó de ella sexualmente.El cadáver fue dejado en una colina para descomponerse, y tras considerar que estaba lo suficiente putrefacto, le cortó las manos y pies, los cuales guardó en un armario; donde fueron descubiertos tras su arresto.

Posteriormente quemó los huesos restantes en un horno, los molió hasta hacerlos polvo y los envió a la familia de la niña junto con varios de sus dientes, fotos de su ropa y una tarjeta que decía: "Mari, huesos, cremada, investigar, probar".


Se celebró un funeral en honor a la pequeña Mari, y su familia, al volver a casa, se encontró con otra carta firmada por Yuko Imada que decía: "Confesión, cuerpo de la niña, muy poco después de su muerte, se puso rígido, traté de mover sus manos pero sus músculos no se movían, luego, empezaron a aparecer marcas rojas en su piel, más tarde se puso muy blando y olía muy mal".


Tras el asesinato, Tsutomu retomó su vida como fotógrafo, leyendo de mangas y captando con su objetivo a las niñas.

Unos meses después, "sedujo" a otra niña de 7 años, Masami Yoshizawa, a la que estranguló, y posteriormente tuvo relaciones sexuales con el cadáver y la fotografió, perpetrando el crimen en el mismo lugar que la primera muchacha.


La señora Yoshizawa, al abrir su buzón, encontró una foto de Masami y otra carta que ponía: "confesión del crimen", firmada por un tal Yuko Imada, el cual decía que "yo hice todo, no quiero que los familiares de la víctima tengan esperanzas de encontrarla con vida".

Poco después, Erika Namba, de 4 años, también se subió al Nissan de Tsutomu, la llevó a un bosque cercano, las desnudó, la violó y la estranguló. 

La familia de Erika recibió una carta en la que solo decía: "Erika, frío, tos, garganta, descanso, muerte".

En 1989, se acercó a una niña de 5 años a la que convenció para que se quitase las bragas y fotografiar sus genitales, pero fue pillado in fraganti por unas personas que, aunque le persiguieron, no pudieron atraparlo. 

Pocos días más tarde, se cruzó con Ayako Nomoto, de 5 años, que estaba jugando en el parque. De nuevo, la joven se subió a su coche, y fue estrangulada. La llevó a su casa, pero previamente paró a alquilar una cámara de vídeo. En casa, desnudó el cadáver de la niña, y mientras la filmaba se masturbaba.

Tras 4 días de descomposición del cadáver, decidió seccionar la cabeza, manos y pies de esta.

El tronco de la niña fue enterrado en un cementerio. La cabeza y los pies los tiró por un barranco, y las manos las cocinó y se las comió.

Poco después, el Nissan de Tsutomu se detuvo delante de 2 hermanas que jugaban en la calle y las invitó a subir. La más pequeña subió al coche, pero la mayor salió corriendo a avisar a su padre, el cual pilló a Tsutomu fotografiando a la pequeña desnuda. El padre consiguió golpearle, pero Tsutomu escapó.

El mismo día, se acercó a recuperar el Nissan, pero la policía le estaba esperando, y le detuvieron.

Al registrar su casa encontraron casi 6000 películas de anime, hentai, gore y pornografía, apareciendo entre ellas la serie de Guinea Pig, así como una impresionante colección de fotos de niñas desnudas, vivas y muertas.

Confesó que comió parte del cadáver de la niña y de su abuelo, y se basaba en la película, Flower of flesh and blood de la serie Guinea Pig.

Se trata de un caso que conmocionó a la sociedad japonesa, y sirvió para cambiar las leyes respecto a la pornografía, prohibir la comercialización la serie Guinea Pig e instauró un miedo irracional a los otakus.


Cuirosamente, Miyazaki permaneció calmado y totalmente desinteresado respecto a su captura.

Los medios pronto le llamaron "El Otaku Asesino", y sus asesinatos incitaron a un pánico moral contra los otaku, acusando al anime y las películas de horror por convertirlo en un psicópata.

El juicio contra Miyazaki comenzó el 30 de marzo de 1990. Miyazaki echó la culpa de sus atrocidades a Rat Man, un alterego que supuestamente lo incitaba a matar; e inclusive pasó gran parte del juicio dibujando a Rat Man como una caricatura. 

Se le creyó loco, y si bien permaneció encarcelado durante la década de los noventa, la prefectura de Saitama lo sometió a una serie de evaluaciones psiquiátricas, donde se describió como un personaje con un desorden de identidad desasociada (personalidades múltiples). 

Aún así, el juez lo declaró consciente de la gravedad y la consecuencia de sus crímenes y por ende, culpable. Se le sentenció a muerte el 14 de abril de 1997; mientras que la sentencia fue retrasada por la Alta Corte de Tokio hasta junio 28 del 2001 y por la suprema corte de justicia el 17 de enero de 2006.

Curiosamente, Miyazaki se consideraba una persona buena y describió sus crímenes como "actos benevolentes", jamás pidiendo perdón por ellos.

Finalmente fue ejecutado el 17 de junio de 2008 en la horca.

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