sábado, 10 de marzo de 2012

La maldición de Amen-Ra


La princesa Amen-Ra pidió descansar tranquilamente, para poder pasar al Más Allá de la mano de Osiris tras su muerte. Para ello, su sarcófago fue guardado en una bóveda hermética en uno de los complejos funerarios más grandes y famosos de Egipto.

Con el fin de evitar saqueos, hicieron recaer una maldición sobre su tumba: todos aquellos que perturbasen a la princesa serían víctimas de terribles catástrofes...










La princesa Amen-Ra vivió en torno al 1450 aC en Egipto. Al ser un personaje importante de la nobleza egipcia, al morir, su cuerpo fue momificado y depositado en un sarcófago real en Luxor, a orillas del Nilo. Para asegurar su descanso eterno, se hizo una advertencia: aquel que interrumpiese el descanso de la princesa, recibiría una maldición hasta el fin de sus días.

Complejo funerario de Luxor

Transcurrieron unos 3400 años hasta que, accidentalmente, encontraron su sarcófago en una zona de excavación, en el siglo XIX.

El sarcófago de Amen-Ra fue subastado y comprado por unos ingleses, a los cuales les esperaba un amargo final: el primero de ellos se adentró en el desierto durante la noche, ante la mirada atónita de sus amigos, con la mirada perdida. Desapareció y fue dado por muerto. El segundo recibió un disparo y como consecuencia perdió un brazo. El tercero perdió todo su dinero tras la quiebra del banco donde había depositado todos sus ahorros, viéndose obligado a mendigar el resto de su vida. Y el cuarto sufrió una enfermedad en la que invirtió todos sus bienes económicos. Una vez recuperado no encontró trabajo, y tuvo que dedicarse a vender fósforos por las calles londinenses.

La momia pasó de mano en mano, y todos sus poseedores sufrieron desgracias: locura, pobreza... Una familia adinerada londinense la adquirió y fueron blanco de la maldición: su casa ardió en un incendio y tres de sus miembros resultaron heridos en accidentes. 


Pero no solo los particulares eran víctimas de la maldición: la momia llegó al British Museum de Londres, fruto de una donación, donde se pensaba que encontraría descanso eterno. Durante su transporte, el camión en el que viajaba se puso en marcha de forma inesperada y atropelló a un peatón. Uno de los operarios que lo llevaba se rompió una pierna y el otro murió a causa de un infarto.

Los empleados del museo se empezaron a dar cuenta de que algo extraño sucedía en torno a la momia: sollozos, gritos, golpes y arañazos procedentes del interior del sarcófago rompían el silencio del museo, objetos que amanecían cambiados de sitio... Uno de los vigilantes nocturnos murió haciendo su ronda, las limpiadoras se negaban a trabajar cerca del ataúd, porque cuando una de ellas se atrevió a tocar el sarcófago con un plumero, perdió a su hijo por culpa del sarampión a los pocos días. 

La colocaron en un lugar oculto, esperando, en vano, que la maldición cesase: uno de los conservadores del museo murió en su despacho y su ayudante enfermó.

La maldición llegó hasta la prensa: Se realizó un reportaje sobre Amen-Ra para un periódico británico. Al revelar las fotografías tomadas, una horripilante cara humana aparecía en el lugar donde debería haber estado la cara de madera del sarcófago, mirando fijamente a la cámara. El fotógrafo se suicidó pegándose un tiro en el corazón.


Un coleccionista compró la momia de Amen-Ra y, tras otra cadena de muertes inexplicables, pidió ayuda a Madame Helena Blavatski, una autoridad del mundo esotérico-ocultista del siglo XX. Al entrar en la casa, Madame Blavatski sintió una presencia maligna procedente del desván, donde había sido desterrada la momia. Su propietario decidió deshacerse de todo. Encontró a un escéptico arqueólogo americano que decidió ignorar la maldición y adquirió la momia. 

Madame Blavatski

Se rumorea que decidieron enviarla a Estados Unidos en 1912 a bordo del famoso Titanic Olympic Belfast, y que la madición de Amen-Ra pudo ser la causante del hundimiento del buque.

Titanic, 1912





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