jueves, 6 de diciembre de 2012

El crimen de Alcàsser (I)

Uno de los más célebres misterios de Estado españoles es el conocido como Crimen de Alcàsser, o El asesinato de las tres niñas de Alcàsser.


Sucesos que conmovieron a la sociedad española en el ya lejano año 1993, pero que hoy día, no se han resuelto todavía, pues han sido muchas las voces e informaciones que aseguran que algo más turbio se esconde detrás de lo que debería de ser un típico (aunque salvaje) crimen cometido por un depredador sexual.


En esta primera parte desvelaremos los hechos sucedidos y la versión oficial dada por las autoriades.

Miriam, Desirée y Toñi: Estas tres chicas, tristemente protagonistas de esta historia, estaban pasando un verano por un lado típico de los adolescentes, pero arriesgado, pues iban a todas partes haciendo autostop, sin que sus padres lo hubieran autorizado ni pudieran saberlo. Las tres niñas no eran especialmente amigas, por lo que las compañeras que las conocían dudaron desde el primer momento que hubieran decidido marcharse a correr una aventura juntas. No obstante, no cabe ninguna duda de que antes de desaparecer fueron a visitar a una compañera, Esther, que estaba enferma.

Luego decidieron ir a una discoteca, por entonces de moda, situada a la salida de Picassent, llamada Color's. Miriam llamó a su casa para que su padre las acercara a la discoteca, pero éste, aquejado de una fuerte gripe, no pudo hacerlo.


Las niñas decidieron ir por sus propios medios. Un joven del mismo pueblo las acercó hasta la gasolinera de Picassent. Allí una señora dijo haberlas visto haciendo autostop, y después subir a un coche blanco matrícula de Valencia. Como estaba tan oscuro, no pudo apreciar el modelo, pero sí pudo precisar que no tenía puertas traseras. A partir de ese momento se pierde el rastro de las tres niñas.


La alarma por la desaparición empezó en los hogares de Miriam, Desirée y Toñi y fue creciendo hasta invadir todo el pueblo. 
Al cabo de unos días se había apoderado de todos una actividad frenética. Se desataron los nervios y se produjeron algunos desgraciados incidentes. En plena búsqueda, un sábado por la noche, un vehículo todoterreno arrolló a dos motoristas, causando la muerte de uno de ellos y graves heridas al otro.

No fue lo único lamentable de aquellas jornadas de angustia. La participación de videntes que decían que las niñas estaban retenidas contra su voluntad en alguno de los chalets próximos al pueblo hizo que los grupos de búsqueda, especialmente exaltados, violentaran las puertas de algunas casas y penetrasen brutalmente en su interior.

El caos reinaba en tierras valencianas.

Se estableció un perímetro de unos 20 km a la redonda para la búsqueda de las chicas. Tras días de intensa búsqueda por las fuerzas y cuerpos de seguridad y la gente del pueblo, no se pudieron encontrar rastros de ellas.

Comenzó el reparto de carteles con las fotos de las niñas por toda la zona. Pronto, el caso fue mediatizándose hasta tal punto en que se implicaron en la búsqueda los programas de televisión, con lo que el asunto se convirtió en prioritario en todo el territorio nacional. La televisión había popularizado la desaparición y la tragedia que vivían los padres de las chicas.

Eran niñas de diferente procedencia social a las que sólo la casualidad había unido. Desirée era una chica de familia acomodada y de carácter extrovertido: Toñi, hija de emigrantes andaluces, algo tímida: y Miriam, de familia adinerada, pero muy tímida.

No parece que, por su carácter y aficiones, fuesen unas chicas especialmente traviesas ni conflictivas. Pero aquel viernes de su desaparición habían decidido arriesgarse con cierta inconsciencia, acción que habrían de pagarla muy cara.


Los padres se movilizaron, y empeñaron en la búsqueda a vecinos y autoridades. La televisión les dedicó largos espacios, e incluso les recibió el presidente del Gobierno. La búsqueda de las niñas se extendió fuera de las fronteras del país.

De entre los familiares de las niñas hay que destacar a Fernando García, padre de Miriam, que dejó su negocio, un almacén de colchones, y desde entonces se ha dedicado, incansable, a la tarea de encontrar alguna pista del paradero de estas y el culpable. Fernando pensó desde el primer momento que habían sido raptadas y retenidas contra su voluntad. Por desgracia, no le faltaba razón.

Tras dos meses y medio largos de angustia y expectación. El rastro de las niñas de Alcàsser parecía haberse borrado por completo. No obstante, las lluvias torrenciales y el viento se habían encargado de ablandar el terreno recientemente removido en un lugar de la sierra, relativamente cercano al pueblo, donde la mano descarnada de un cadáver, al ablandarse la tierra, había emergido de su improvisada tumba.


El miércoles 27 de enero de 1993 un apicultor que se ocupaba de sus panales en la partida de la Romana  a unos 30 kilómetros de Alcàsser, se topó con el macabro hallazgo. Pudo fijarse en que aquel amasijo de huesos conservaba en la muñeca un reloj blanco. Rápidamente se presentó en el juzgado, y en seguida fueron desenterrados los restos: efectivamente, correspondían a tres cuerpos de adolescentes. Poco después eran identificados como los cadáveres de Miriam, Desirée y Toñi.

A partir de ese momento, en contra de lo esperado, el misterio sobre lo que les había ocurrido a las chicas, se enturbió todavía más.

Las autopsias revelaron que las niñas habían sido atadas, golpeadas, violadas, salvajemente torturadas y, finalmente, asesinadas a tiros. La descripción de las heridas y mutilaciones conforman un escalofriante relato del calvario al que fueron sometidas. Curiosamente, en el mismo lugar en que aparecieron los cuerpos había numerosos objetos desperdigados; entre ellos, la pista más firme para la localización de los sospechosos:

Próximo a la zanja en la que yacían los restos de las tres jóvenes, la Guardia Civil encontró un volante de la Seguridad Social hecho pedazos. Su reconstrucción permitió la lectura de un nombre, Anglés, que llevó a los investigadores hasta el domicilio de Neusa Martins, madre de una numerosa familia con varios varones conflictivos.

Pronto se detuvo a Miguel Ricart Tárrega. Interrogado para que dijera si Enrique Anglés, uno de los hijos de Neusa, era capaz de transportar a tres niñas en contra de su voluntad, respondió que no, pero que otro de los hermanos, Antonio, perfectamente sería capaz.

Y es aquí donde nace la increíble leyenda de Antonio Anglés, uno de los prófugos más célebres de la Historia de España. Ricart, en una confesión muy extraña, llena de mentiras y contradicciones, afirmó que Antonio ya había sido condenado con anterioridad por atar a Nuria (una mujer con la que había tenido relaciones), a un poste y golpearla con una cadena, hecho por el que el mismo Ricart había sido detenido por denegación de auxilio, puesto que, habiendo presenciado la brutal paliza, no hizo nada por evitarla.

Ricart responsabilizó de todo lo ocurrido a Antonio Anglés, aunque declaró que le acompañó durante el secuestro, proporcionando toda clase de detalles de las torturas sufridas por las niñas. Anglés, pese al cerco policial establecido en la localidad, logra escapar. tras varias informaciones erróneas, y atando multitud de cabos, se supone que se dirige hacia Portugal, para más tarde llegar a Lisboa.

Y a partir de aquí comienzan multitud de teorías sobre el destino de Antonio Anglés. Hay teorías que afirman que logró embarcar como polizón el 18 de marzo de 1993 en un barco llamado City of Plymouth, en donde unos dicen que logró llegar a Irlanda para desaparecer. Otros creen que, arrinconado en el barco, se lanzó al frío océano Atlántico, sin que se haya vuelto a saber nada de el.

Aún y así, todavía figura como uno de los criminales más buscados por la Interpol.

Otras versiones afirman que consiguió dar esquinazo a la gendarmería portuguesa, y embarcar en un barco hacia su Brasil natal donde hoy día continuaría con su vida de delincuente.

Tras estos hechos, comenzaron a publicarse más informaciones, algunas de origen en las familias en que se cree firmemente que este individuo, Antonio Anglés, no era más que un cabeza de turco, y era el exponente público de algo mucho más turbio.


En Marzo de 1993 y en base a las "confesiones" del único detenido se fundamentó que no había más sospechosos del triple asesinato que Miguel Ricart y el huido Antonio Anglés.

Las máximas autoridades del derecho y la fiscalía en Valencia, señores Luis Romero Villafranca y Enrique Beltrán, presidente del Colegio de Abogados y Fiscal Jefe del Tribunal Superior de Justicia respectivamente se "ofrecieron" a los padres para investigar el caso y defender sus legítimos intereses... años después comprobaron que su gratuito "ofrecimiento" obedecía a otros objetivos.

Finalmente, esta investigación llena de lagunas, errores de bulto y muchas imprecisiones llegó a su fin con una sola detención, Miguel Ricart.


En mayo de 1997 comenzó en la Audiencia Provincial de Valencia el juicio oral contra Miguel Ricart, el único acusado por el triple asesinato. Llegado este momento, la sociedad desconocía muchas cosas cosas sobre el caso, aunque gracias al esfuerzo de Fernando García, uno de los padres, y del periodista y criminólogo Juan Ignacio Blanco, la versión oficial y conocida hasta ese momento, dejó de ser aceptada unánimemente por todos, esfuerzo que  les ha supuesto una cascada de problemas.

El juicio finalizó en septiembre de 1997. El jurado compuesto por tres magistrados valencianos sentenció que Miguel Ricart era culpable, siendo condenado a 170 años de prisión. El abogado de oficio de Ricart tramitó la apelación al Supremo pero el alto Tribunal dio otra vuelta de tuerca. 

En mayo de 1999 el Tribunal Supremo presidido por los conocidos Villarejo, Ancos y Bacigalupo sentenció en firme y dio por válida la condena a Miguel Ricart. 

Mientras tanto, el Ministerio de Interior, cada cierto tiempo se dedicaba a emitir informaciones sobre la búsqueda del otro sospechoso, Antonio Anglés, hasta que en enero de 2000 el entonces Secretario de Estado para la Seguridad, Martí Fluxá y el actual Director General de la Policía, Juan Cotino, confirmaron que se habían encontrado unos huesos en Irlanda que presuntamente podrían pertenecer a Antonio Anglés. Desde entonces se está esperando la confirmación de los análisis de ADN. Seguramente es el análisis de ADN de más duración de la historia.

Continua aquí.

4 comentarios:

  1. madremia que horror pobres chicas

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  2. PIENSEN ustedes que un círculo de criminales de las altas esferas financieras/políticas/empresariales le hubiese costado bastante poco hacer desparecer por completo los tres cadáveres. Es un sinsentido que unos poderosos dejen tres cuerpos abandonados cargados de pistas que sugieran que no fueron tres cacos locales.

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  3. La resolución del caso fue muy chapucera . No sabemos si Anglés huyó o si fue liquidado . Puede que Ricart sepa algo al respecto . Es un caso con muchas sombras .

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  4. HolaaaaaAAAAaaaa ...Desde las Sombraaaaaassssss...

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